Page 194 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Había media docena de rajos en las cercanías, pero

          estaban ocupados arreando a las babosas por una rampa


          de metal que subía en suave declive. Uno de ellos reparó

          en Cincinnatus y se volvió para enfrentarlo, pero no lo

          atacó.  Al  contrario,  regresó  y  movió  la  palanca  que


          cerraba la puerta. Pero Cincinnatus, Carlotta y Ender ya

          estaban dentro de la cámara.


                 No, no era una cámara. Era una caverna. A diferencia


          del dormitorio de las obreras fórmicas, este espacio tenía

          techos altos. Varios metros, quizá cinco. Aquí el material

          orgánico  que  ya  conocían  formaba  estalagmitas  y


          estalactitas,  pero  ahora  era  esponjoso  y  elástico,  y  las

          cavidades eran mucho más angostas.


                 Los rajos empujaron a las babosas rampa arriba, hacia


          el  medio  de  la  caverna.  Allí  había  una  plataforma,

          alumbrada por una luz tenue y difusa. Ese espacio era el

          centro del recinto.


                 El tufo empeoraba a medida que se desplazaban por


          la rampa, pero poco a poco se acostumbraron. Los cascos

          empezaron a limpiar el aire dentro del visor, y eso ayudó

          un poco.



                 Las  babosas  se  adherían  a  la  rampa  y  los  rajos  se

          aferraban a los bordes. Los zapatos magnéticos permitían

          que los niños permanecieran erguidos.





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