Page 192 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
P. 192
Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
No eran rajos, ni siquiera se les parecían. Eran
criaturas blandas, como babosas, pero con un cuerpo más
ancho y pelos. O cilios. ¿Orugas? Quizá las analogías con
la fauna terrícola fueran improductivas y engañosas. En
todo caso, era trabajo de Ender.
Cincinnatus siguió la vagoneta pero no trató de
igualar su velocidad. El vehículo era automático. Se
preguntó si circularía en un bucle o invertiría la dirección
y regresaría por aquí en busca de otra carga.
No regresó, y al cabo de un rato Cincinnatus llegó a
un sitio donde los raíles se curvaban hacia el interior
desde el centro. Luego siguió los raíles y llegó a la parte
trasera de la vagoneta, que se había detenido sobre una
abertura. La abertura conducía a un sitio que despedía un
olor nauseabundo.
A través del alambre Cincinnatus vio que algo estaba
limpiando la jaula. Era un rajo.
Pero no comía nada, solo desprendía a las babosas
que se aferraban. Después la abertura se cerró, el tubo
quedó nuevamente a oscuras salvo por la luz del casco de
Cincinnatus, y la vagoneta continuó en la misma
dirección en vez de retroceder. Conque era un bucle. Y
había entregado la carga.
192

