Page 225 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Estupendo, hijo. Puedes ver a los estibadores usarla en
ocasiones, en Arboleda o en el Meandro de las Nieblas. Si se
reúnen los bastantes, pueden dar forma a buena parte del río.
Excavan en el agua hasta los cargamentos que caen al fondo,
de modo que las grúas pueden recogerlos. Acojonante. En las
comunidades rurales, la emplean para cavar zanjas de aire en
los ríos, para conducir a los peces a ellas. Simplemente salen
de la zona vertical del agua y caen al suelo. Brillante. —Isaac
apretó los labios en señal de aprecio—. En cualquier caso,
hoy en día solo se usa para gilipolleces, como pequeñas
esculturas. No existen competiciones, ni nada así. El asunto,
Yag, es que lo que ahí tienes es agua que no se comporta
como debería, ¿no? Y eso es lo que tú quieres. Quieres que
cosas pesadas, eso de ahí, ese cuerpo —dijo, dando unos
suaves golpecitos en el pecho al garuda—, vuele. ¿Me
sigues? Volvamos nuestra atención hacia el conundrum
ontológico de persuadir a la materia para que rompa los
hábitos de eones. Queremos que los elementos se comporten
de forma extraña. No es un problema de ornitología
avanzada. Es filosofía. ¡Y eso, Yag, es en lo que llevo
trabajando toda la vida! Casi lo he convertido en una especie
de afición. Pero, esta mañana, revisé algunas de las primeras
notas que había tomado sobre tu caso, y lo enlacé todo con
mis viejas ideas, y vi que ese era el camino a tomar. Y llevo
todo el día peleándome con ello. —Isaac agitó un trozo de
papel frente a Yagharek, aquel con un triángulo que contenía
una cruz.
Tomó un lápiz y escribió unas palabras en los tres vértices
del triángulo, para después volver el papel hacia el garuda.
El vértice superior rezaba «Ocultista/taumatúrgico»; el
inferior izquierdo, «Material»; el inferior derecho,
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