Page 963 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Es generoso, pero declino su oferta. Esa no es mi ciudad.
No es mi lucha.
Debo dejar su medio mundo solo, su baluarte de insólita
resistencia. Yo vivo en un lugar más sencillo.
Está equivocado.
Ya he dejado de ser el garuda encadenado a la tierra. Ese
ha muerto. Esta es una nueva vida. Ya no soy una cosa a
medias, un proyecto fracasado.
He arrancado las engañosas plumas de mi cuerpo y se ha
vuelto suave, más allá de las afectaciones de las aves. Ahora
soy idéntico a mis conciudadanos. Puedo vivir abiertamente
en un mundo completo.
Le doy las gracias con un gesto, me despido y me alejo,
salgo de la tenue luz y me encamino al este, hacia el campus
de la universidad y la estación de Prado del Señor,
atravesando mi mundo de ladrillos y cemento y alquitrán, de
bazares y mercados, de calles iluminadas por el azufre. Es
de noche; debo correr ala cama, a encontrar mi cama, a
encontrar una cama en esta mi ciudad, donde puedo vivir mi
vida abiertamente.
Le doy la espalda y entro dando un paso en la vastedad de
Nueva Crobuzon, este colosal edificio de arquitectura e
Historia, este complejo artefacto de dinero y miseria, este
dios profano impulsado a vapor. Me vuelvo y entro en la
ciudad, mi hogar, ya no un pájaro ni un garuda, ya no un
híbrido miserable.
Me vuelvo y entro en la ciudad, mi hogar, un hombre.
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