Page 961 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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plumas. Las apartó lentamente mientras mi piel se eriza, las

            acarició sin piedad a contrapelo. Abro los ojos. Mis dedos

            se cierran y aferran los rígidos tubos y las engrasadas fibras

            de mis mejillas, cierro el pico con todas mis fuerzas para no
            gritar y entonces empiezo a tirar.




                Y mucho tiempo después, horas después, en lo más

            profundo de la noche, regreso por aquella escalera oscura y

            salgo.


                Un carromato pasa traqueteando rápidamente por la

            calle desierta y luego, el silencio. Al otro lado de los
            adoquines, un chorro de gas despide un haz de luz parda.


                Una figura sombría me ha estado esperando. Entra en la

            pequeña esfera de luz y se detiene, con el rostro envuelto en

            tinieblas. Me saluda con un gesto lento. Hay un momento
            brevísimo en el que pienso en mis numerosos enemigos y me

            pregunto cuál de ellos es este hombre. Entonces reparo en

            la enorme pinza de mantis con la que me saluda.


                Descubro que no estoy sorprendido.

                Jack Mediamisa extiende de nuevo su brazo rehecho y,

            con un movimiento lento y presago, me llama.


                Me invita a entrar. En su ciudad.

                Avanzo a la diminuta luz.

                No lo veo sobresaltarse cuando dejo de ser una silueta y

            puede verme.


                Sé el aspecto que debo de tener.

                Mi rostro, una masa de carne viva y desgarrada,

            sangrando copiosamente por el centenar de pequeñas

            heridas dejadas por las plumas al abandonarla. La pelusa


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