Page 740 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston
la puerta, mirando en su dirección. Alzó una mano
para indicar que todo iba bien.
Poco después Bingwen se quedó dormido. Solo
entonces Mazer lo colocó con cuidado sobre su
esterilla en el suelo. Se tendió luego en las planchas de
madera a su lado, los ojos cansados y el cuerpo débil.
El arroz y el bambú le llenaban el estómago, pero
hacían poco más que eso. Estaba sin energías.
Necesitaba nutrientes. A juzgar por lo demacrado que
veía y sentía su cuerpo, calculaba que había perdido
unos siete kilos. Era un peso que no podía permitirse
perder: casi no tenía grasa corporal a la que recurrir.
En el exterior había una noche tranquila y
silenciosa. Mazer había tardado una semana en
acostumbrarse al silencio. No había pájaros aleteando,
ni ratones ni criaturas pequeñas correteando por la
hierba, ni insectos gorjeando en la oscuridad. Los
fórmicos habían calcinado la tierra y todo lo que había
en ella, no habían dejado nada a su paso, solo el viento.
Mazer despertó de repente. Se había quedado
dormido, pero un sonido lo había despertado. Un
sonido suave que no encajaba en la noche. Se irguió y
lo vio en la puerta, apuntando con su fumigador a la
cara de Danwen. El anciano estaba dormido. Mazer se
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