Page 744 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas                                                                  Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston



                   Entonces  corrió  hasta  la  granja.  El  cuerpo  de

            Danwen seguía allí, caído en la puerta, medio dentro

            medio  fuera.  Mazer  lo  agarró  por  las  muñecas  y  lo


            sacó al patio, lejos de donde habían rociado la bruma.

            El anciano estaba flácido. Mazer ya sabía que estaba

            muerto. Bingwen se asomó a la puerta.




                   —No salgas —ordenó Mazer—. Han rociado ahí

            mismo. Coge mis botas y sal por la ventana lateral.



                   Bingwen desapareció de nuevo en el interior.



                   Mazer  se  arrodilló  junto  a  Danwen.  La  criatura


            había rociado al anciano en la cara, y había humedad

            en  su  frente  y  sus  mejillas.  Quiso  comprobarle  el


            pulso, pero no se atrevió a tocar el cuello. Le cogió la

            muñeca.



                   No había pulso.



                   Probó también con la otra muñeca.



                   Nada.




                   Colocó una mano sobre el pecho de Danwen. El

            corazón no latía. Mazer alzó la cabeza. Bingwen estaba

            allí  de  pie,  con  las  botas  en  la  mano,  mirando  a  su


            abuelo. Se había puesto sus propios zapatos. Mazer se

            acercó a él y le volvió la cara hacia la suya.





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