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salir por una de ellas. ahora bien, en condiciones normales, se sale
             mixto y los atletas siguientes acuestan los respectivos dobles de la
             sa lida. El atleta (D) o el pie de la mano nos inicia una ficha que pre-
             sumimos como piedra de ataque o tenemos falla inicial de ésta. ¿Có-
             mo castigar una de las puntas de nuestra salida? aquí lo más
             indicado es pensar prolongadamente, es decir, si se tienen dos o tres
             de la que vamos a castigar, indicándole a nuestro compañero que te-
             nemos una o más de una de la estamos castigando. también le es-
             taremos transmitiendo que muy posiblemente no tenemos de la que
             está iniciando el atleta (D); y por último, que nos gusta la piedra con
             la cual estamos castigando.


             En los casos que nuestro compañero pase por alguna de las puntas
          de nuestra salida, inmediatamente debemos pegar con la falla o con la
          que menos tenemos, de manera de abrirle juego a nuestro compañero,
          ya que automáticamente pasaríamos de una mano ofensiva a una ma-
          no defensiva, abriéndole juego a nuestro compañero y tratando de salir
          de los tantos. también estaríamos preparándonos para una posible
            reconducción de la mano.
             la segunda piedra o ficha que debemos iniciar en condiciones norma-
          les, es decir, a gusto, debe ser con la ficha que más tenemos, es decir, in-
          formar de esta manera a nuestro compañero que además de las puntas
          mixtas indicadas en nuestra salida, nos gusta la ficha que estamos inician-
          do. Esta guía es definitiva en el desarrollo de la mano, y nuestro compa-
          ñero deberá percatarse inmediatamente que tenemos una mano buena y
          de ataque, pudiendo en cualquier momento reconducir la mano hacia la
          piedra iniciada en segunda por el salidor. también al momento de definir o
          analizar la solución de la mano, la guía es clara y terminante: con toda cer-
          teza puede inferirse qué piedra le queda en la mano a nuestro compañero
          al decir, cuando castigó su salida, que lo hizo a voluntad, iniciando la
            piedra que más le gustaba, y seguramente le quedará una de ellas.

             ¡Cómo no entender este razonamiento! Yo pregono que el Dominó
          habla en cada una de sus rondas, ya va diciendo qué piedras nos gustan
          y cuál nos hace daño. seguiré diciéndole a mis alumnos que la base de
          este juego es la atención y la concentración que debemos dedicarle a ca-
          da ronda de la mano y muy especialmente a las jugadas de nuestro com-


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