Page 21 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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por los alrededores del pueblo. Siempre era el
primero en llegar al restaurante, sabía pedir los
platos más refinados, no se dejaba engañar por el
precio, siempre elegía el mejor vino, que no era
necesariamente el más caro, fumaba un cigarrillo y
después se acercaba al bar, en donde empezó a
entablar amistad con los clientes habituales.
Le gustaba escuchar las historias de la
comarca, de las generaciones que habían habitado
Viscos (había quien afirmaba que en el pasado
había sido una ciudad mucho más grande, como lo
demostraban algunas ruinas de casas que había al
final de las tres calles existentes en la
actualidad), las costumbres y supersticiones que
formaban parte de la vida de la gente del campo,
de las nuevas técnicas de agricultura y pastoreo.
Cuando le llegaba el turno de hablar de sí
mismo contaba algunas historias contradictorias;
unas veces decía que había sido marinero, otras se
refería a las grandes industrias de armamento que
había dirigido o bien hablaba de la época en que
lo había dejado todo para recluirse durante una
temporada en un monasterio en busca de Dios.
La gente, en cuanto salía del bar, discutía
sobre si decía la verdad o mentía. El alcalde
pensaba que un hombre puede ser muchas cosas en la
vida, aunque los habitantes de Viscos ya conocían
su destino desde la infancia; el cura era de otra
opinión, él creía que el recién llegado era un
hombre perdido, confuso, que intentaba encontrarse
a sí mismo.
La única cosa que sabían a ciencia cierta era
que sólo se quedaría siete días; la dueña del
hotel había contado que lo había oído telefonear
al aeropuerto de la capital para confirmar un
vuelo, curiosamente para África en lugar de
Sudamérica. Después de esa llamada, sacó un fajo
de billetes de su bolsillo para pagar todo el
alquiler de la habitación y las comidas hechas y

