Page 23 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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conversación con Chantal Prym, la camarera del
                   bar, quizás con la esperanza de un romance
                   efímero, o algo así. Pero ese hombre sólo se
                   dirigía a ella para pedir bebidas y jamás había
                   dedicado miradas seductoras ni libidinosas a la
                   joven.


                            Durante las tres noches que siguieron al
                   encuentro en el río, Chantal apenas si pudo
                   dormir. La tormenta -que iba y venía- sacudía las
                   persianas metálicas, produciendo un ruido
                   pavoroso. Se despertaba a menudo, bañada en sudor,
                   a pesar de que tenía la calefacción apagada
                   durante la noche a causa del precio de la
                   electricidad.


                            La primera noche se encontró con la presencia
                   del Bien. Entre una pesadilla y otra -que no
                   conseguía recordar- rezaba y pedía a Dios que la
                   ayudase. En ningún momento se le pasó por la
                   cabeza contar lo que había escuchado y convertirse
                   en la mensajera del pecado y de la muerte.
                            En un momento dado, consideró que Dios estaba
                   demasiado lejos para oírla y empezó a rezar a su
                   abuela, muerta desde hacía algún tiempo, y que era
                   quien la había criado, ya que su madre murió de
                   parto. Se aferraba con todas sus fuerzas a la idea
                   de que el Mal ya había pasado por allí una vez y
                   que se había ido para siempre.
                            A pesar de todos sus problemas personales,
                   Chantal sabía que vivía en un pueblo de hombres y
                   mujeres honestos, cumplidores de sus deberes,
                   personas que caminaban con la cabeza bien alta y
                   eran respetadas en toda la comarca. Pero no
                   siempre había sido así: durante más de dos siglos,
                   Viscos había cobijado lo peor del género humano, y
                   todos lo aceptaban con naturalidad, diciendo que
                   era a causa de la maldición que habían lanzado los
                   celtas cuando fueron derrotados por los romanos.
                            Hasta que el silencio y el coraje de un solo
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