Page 26 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 26

barrios donde no se puede caminar con seguridad,
                   simplemente porque las grandes ciudades ejercen
                   una fascinación absoluta sobre la gente del campo.
                   Pero siempre que aparecía un visitante,
                   demostraban con sus palabras, sólo con sus
                   palabras, la alegría de vivir en un paraíso
                   perdido, intentando convencerse a sí mismos del
                   milagro que representaba haber nacido allí,
                   olvidando que, hasta ese momento, ninguno de los
                   huéspedes del hotel había decidido dejarlo todo
                   atrás para instalarse en Viscos.
                            La noche fue bastante animada, excepto cuando
                   el extranjero hizo un comentario que no debería
                   haber hecho.
                   -Sus niños están muy bien educados. Al
                   contrario de otros sitios en donde he estado,
                   nunca los he oído gritar por la mañana.
                            Después de un silencio desagradable -en Viscos
                   no había niños-, alguien se acordó de preguntarle
                   si le había gustado el plato típico que acababa de
                   comer, y la conversación prosiguió a un ritmo
                   normal, girando siempre en torno a las maravillas
                   del campo y a los defectos de la gran ciudad.
                            A medida que pasaba el tiempo, Chantal se iba
                   poniendo más nerviosa, temiendo que le pidiera que
                   contase su encuentro en el bosque. Pero el
                   extranjero ni siquiera la miraba, y sólo le
                   dirigió la palabra una vez, cuando le pidió -y
                   pagó en billetes- una ronda de bebidas para todos
                   los presentes.
                            Así que los clientes se marcharon y el
                   extranjero subió a su habitación, ella se quitó el
                   delantal, encendió un cigarrillo de un paquete que
                   alguien había olvidado en una mesa, y dijo a la
                   dueña del hotel que limpiaría a la mañana
                   siguiente, porque estaba exhausta, ya que no había
                   dormido bien la noche anterior. La dueña estuvo de
                   acuerdo, Chantal cogió su abrigo y salió al frío
                   aire nocturno.
                            Tenía apenas dos minutos de camino hasta su
   21   22   23   24   25   26   27   28   29   30   31