Page 24 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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hombre -alguien que no creía en maldiciones sino
                   en bendiciones- había redimido a su pueblo.
                   Chantal oía el ruido que producían las persianas
                   metálicas al golpear los muros, y recordaba la voz
                   de su abuela cuando le contaba lo que había
                   sucedido:
                            "Hace muchos años, un ermitaño -que más tarde
                   fue conocido como San Sabino- vivía en una cueva
                   de esta comarca. En aquella época, Viscos era un
                   puesto de frontera, en donde vivían bandidos
                   prófugos de la justicia, contrabandistas,
                   prostitutas, aventureros en busca de cómplices,
                   asesinos que descansaban entre un crimen y otro...
                            El peor de todos, un árabe llamado Ahab,
                   controlaba el pueblo y sus alrededores, y
                   extorsionaba a los agricultores, quienes, a pesar
                   de todo, insistían en vivir de una manera digna.
                   »Un día, San Sabino salió de su cueva, se
                   dirigió a la casa de Ahab y le pidió permiso para
                   pasar la noche allí. Ahab se echó a reír:
                   »-¿Acaso no sabes que soy un asesino, que ya
                   degollé a algunas personas en mi tierra, y que tu
                   vida no tiene ningún valor para mí?
                   »-Lo sé -respondió Sabino-. Pero ya estoy harto
                   de vivir en la cueva. Me gustaría pasar una noche
                   aquí, al menos una.
                            »Ahab conocía la fama del santo, que era tan
                   grande como la suya, y eso lo incomodaba, porque
                   no le gustaba compartir su gloria con alguien tan
                   frágil. De modo que decidió matarlo aquella misma
                   noche, para demostrar a todos quién era el único y
                   verdadero dueño del territorio.
                            »Conversaron durante un rato. Ahab quedó
                   impresionado por las palabras del santo, pero era
                   un hombre desconfiado, y ya no creía en el Bien.
                   Indicó un lugar donde Sabino podía echarse a
                   dormir, y empezó a afilar su daga,
                   amenazadoramente. Sabino, después de observarlo
                   durante unos instantes, cerró los ojos y se
                   durmió.
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