Page 22 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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por hacer, a pesar de que ella le dijo que
                   confiaba en él. Como el extranjero insistía, la
                   mujer sugirió que utilizara la tarjeta de crédito,
                   como suelen hacer la mayoría de los huéspedes; de
                   esa forma, tendría dinero para cualquier
                   emergencia que pudiera presentársele durante el
                   resto de su viaje. Quiso añadir "quizás en África
                   no acepten tarjetas de crédito", pero no hubiera
                   sido muy delicado demostrar que había escuchado su
                   conversación ni afirmar que hay continentes más
                   avanzados que otros.


                            El extranjero le agradeció su preocupación
                   pero, muy educadamente, se negó.
                   Durante las tres noches siguientes pagó
                   -también con dinero contante y sonante- una ronda
                   de bebidas para todos. Era algo que nunca había
                   sucedido en Viscos, de modo que muy pronto se
                   olvidaron de las contradicciones de sus historias
                   y pasaron a ver en él a un amigo generoso, sin
                   prejuicios, dispuesto a tratar a los campesinos
                   como si fueran iguales a los hombres y las mujeres
                   de las grandes ciudades.
                            Durante aquellos días, sus discusiones habían
                   cambiado: cuando cerraban el bar, algunos de los
                   rezagados daban la razón al alcalde, diciendo que
                   el recién llegado era un hombre experimentado,
                   capaz de entender el valor de una buena amistad;
                   otros creían que el cura estaba en lo cierto, ya
                   que éste conocía mejor el alma humana, y que se
                   trataba de un hombre solitario en busca de nuevos
                   amigos o de una nueva visión de la vida. Fuera
                   como fuese, era una persona agradable, y los
                   habitantes de Viscos estaban convencidos de que lo
                   echarían de menos cuando se marchara, el lunes
                   siguiente.
                            Además, también era una persona discretísima, y
                   todos lo habían notado por un detalle muy
                   importante; los viajeros, sobre todo cuando
                   llegaban solos, siempre intentaban entablar
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