Page 25 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 25

»Ahab se pasó la noche entera afilando la daga.
                   A la mañana siguiente, cuando Sabino se despertó,
                   lo encontró a su lado, llorando desconsoladamente.
                            »-No has tenido miedo de mí, ni me has juzgado.
                   Por primera vez, alguien ha pasado la noche a mi
                   lado confiando en que yo podía ser un hombre
                   bueno, capaz de ofrecer refugio a quien lo
                   necesita. Porque tú has creído que podía obrar
                   bien, he obrado bien.
                            »A partir de entonces, Ahab abandonó su vida
                   delictiva, y empezó a transformar la comarca. Fue
                   entonces cuando Viscos dejó de ser un puesto
                   fronterizo, plagado de marginales, para
                   convertirse en una ciudad próspera entre dos
                   países."
                   "Sí, eso es."
                            Chantal se echó a llorar, agradeciéndole a su
                   abuela que le hubiera recordado aquella historia.
                   Su pueblo era bueno, podía confiar en él. Mientras
                   intentaba dormirse de nuevo, llegó a coquetear con
                   la idea de contarles la proposición del
                   extranjero, sólo para ver su cara de espanto al
                   ser expulsado por los habitantes de Viscos.
                            Al día siguiente se sorprendió al verlo salir
                   del fondo del restaurante, dirigirse al bar/
                   recepción/ tienda de productos típicos y entablar
                   conversación con las personas que se encontraban
                   allí, igual que cualquier turista, fingiendo
                   interesarse por cosas absolutamente triviales,


                   como la manera de esquilar las ovejas o el método
                   empleado para ahumar la carne. Los habitantes de
                   Viscos creían que el extranjero se sentía
                   fascinado por la vida tan saludable y natural que
                   llevaban, de modo que repetían, cada vez más
                   extensamente, las mismas historias sobre lo bueno
                   que es vivir lejos de la civilización moderna, a
                   pesar de que a ellos, en lo más hondo de su
                   corazón, les encantaría estar muy lejos de allí,
                   entre coches que contaminan la atmósfera, en
   20   21   22   23   24   25   26   27   28   29   30