Page 415 - La Constelación Del Perro - Peter Heller
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No me asusté, me pareció algo natural. Iba a


              sentarme,  pero  una  mano  me  detuvo.  Chiss,


              susurró  ella.  He  salido  a  hacer  pis  y  me  ha


              parecido que ibas a coger frío.




                     Volví a tumbarme.




                     Gracias.




                     Se inclinó sobre mí, su pelo me rozó la cara,


              su aliento me acarició, y enseguida abrió el saco


              y se tumbó a mi lado, acomodando las caderas y


              las  costillas  al  borde  de  la  hamaca,  apretujada


              contra mí, y dijo con la boca pegada a mi cuello:




                     Ya.




                     Y nada más. Luego se durmió.




                     Llevaba  aquella  camisa  de  hombre:  nada


              más.  Sentía  su  monte  de  Venus  en  la  pierna.


              Mons veneris, ¿no? La cuna de los huesos de su


              pelvis. Me quedé tumbado sin hacer nada, con el



              corazón  desbocado.  Recorrí  su  cuerpo  con  la


              imaginación,  empezando  por  los  dedos  de  los


              pies,  que  tocaban  los  míos  con  un  tacto  algo


              huesudo y frío, subiendo por las pantorrillas, los


              muslos,  las  corvas  y  la  rótula,  anidada  en  la


              articulación  de  mi  pierna…  Ya  os  hacéis  una







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