Page 134 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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aquellos agujeros en el agua. Se inclinó por la borda,

               mientras Gwendolyn la agarraba por la parte baja del

               vestido, y sintió los vórtices con la mano, esperando


               entenderlos. El resto del lago, simplemente agua sin

               orden en particular, carecía de interés.




                  Ignoramos  la  oscuridad  del  espacio  exterior  y

               prestamos  atención  a  las  estrellas,  especialmente  si


               parecen  ordenarse  a  sí  mismas  en  constelaciones.

               «Normal como el aire» significaba algo sin valor, pero

               Hackworth sabía que cada bocanada de aire que Piona


               respiraba, echada en su pequeña cama por las noches,

               un resplandor plateado en la oscuridad, era usada por


               su cuerpo para fabricar piel, pelo y hueso. El aire se

               convertía  en  Piona,  y  merecía  —no,  exigía—  amor.

               Ordenar la materia era la única tarea de la Vida, ya


               fuese un montón de moléculas auto‐rreplicadoras en el

               océano primordial, o una fábrica inglesa que convertía

               hilos  en  ropas,  o  Piona  tendida  en  su  cama


               convirtiendo el aire en Piona.



                  Una hoja de papel tenía aproximadamente unos cien


               mil nanóme‐tros de espesor; un tercio de un millón de

               átomos  podían  encajar  en  ese  espacio.  El  papel


               inteligente  consistía  en  una  red  de  ordenadores

               infinitesimales  entre  dos  mediatrones.  Un  mediatrón


                                                                                                  134
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