Page 131 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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de diseño. Cotton lo compartía. Había hecho su diagrama

              en  el  mismo  estilo,  y,  por  tanto,  su  batería

              nanotecnológica tenía el aspecto del juego de bielas de un


              acorazado eduardiano.



                 Hackworth  puso  el  documento  de  Cotton  sobre  el


              montón de Runcible y lo alineó todo contra la mesa un

              par  de  veces,  intentando  supersticiosamente hacer que


              tuviese buen aspecto. Lo llevó hasta una esquina de la

              oficina,  cerca  de  la  ventana,  donde  los  mozos  habían

              colocado recientemente una nueva pieza de mobiliario:


              un armario de cerezo con adornos de bronce. Le llegaba

              hasta la cintura. En la parte alta había un mecanismo de


              cobre pulido: un lector automático de documentos con

              bandeja.  Una  pequeña  puerta  en  la  parte  de  atrás

              traicionaba una entrada de Toma, un centímetro, típica


              de los aparatos domésticos pero sorprendentemente débil

              en  un  pesado  artefacto  industrial,  especialmente

              considerando  que  ese  armario  contenía  uno  de  los


              ordenadores más potentes de la Tierra: cinco centímetros

              cúbicos de lógica de barra de Bespoke. Empleaba unos

              cien  mil  vatios  de  potencia,  que  venían  por  la  parte


              superconductora  de  la  Toma.  La  energía  había  que

              disiparla, o el ordenador se quemaría junto con la mayor


              parte del edificio. Deshacerse de la energía había sido un

              trabajo de ingeniería más importante que la lógica de


                                                                                                  131
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