Page 147 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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industrial en un artificio fractal. Estaba a unos diez
kilómetros de Nueva Chusan, saboteando muchas vistas
caras y sirviendo de inspiración para muchos chistes
racistas. Hackworth nunca hacía ese tipo de chistes
porque estaba mejor informado que la mayoría y sabía
que los indostaneses tenían unas excelentes
probabilidades de derrotar a los Victorianos y japoneses
en China. Eran igual de inteligentes, eran más y
entendían el asunto de los campesinos.
En el punto más alto del arco, Hackworth podía mirar
por encimar del territorio plano de las afueras de Pudong,
hasta el distrito alto de la metrópolis. Le sorprendió,
como siempre, lo absurdo de la vieja ciudad, la superficie
sacrificada, durante siglos, a diversas manifestaciones del
problema de Mover Cosas. Autopistas, puentes, vías
férreas y las regiones humeantes que las acompañaban,
líneas eléctricas, tuberías, facilidades portuarias que iban
de sampán‐y‐basura pasando por estibador‐con‐red‐de‐
carga hasta cargueros, aeropuertos. Hackworth había
disfrutado de San Francisco, y no era inmune a sus
encantos, pero Atlantis/Shanghai le había imbuido con
la sensación de que todas las viejas ciudades del mundo
estaban condenadas, a no ser posiblemente como parques
temáticos, y que el futuro estaba en las nuevas ciudades,
construidas sobre sus cimientos átomo a átomo, con
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