Page 160 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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habitación, apoyado por sus asistentes, y atender otros
aspectos paralelos de su negocio, que se conocía
informalmente como el Circo de Pulgas.
Hackworth abandona el laboratorio del Doctor X;
más reflexiones; un poema de Finkle‐McGraw;
encuentro con rufianes
El asistente del Doctor X abrió la puerta y le saludó
insolentemente. Hackworth se puso el sombrero en su
sitio y salió del Circo de Pulgas, parpadeando ante los
vapores de China: humeante como los olores de cien
millones de calderos de lapsang souchong, mezclado
con el olor terrenal de la grasa de cerdo y el aroma a
azufre del pollo desplumado y el ajo caliente. Se guió por
entre los adoquines con la punta del bastón hasta que sus
ojos se empezaron a ajustan Ahora era varios miles de
umus más pobre. Una inversión fuerte, pero la mejor que
un padre podía hacer.
El vecindario del Doctor X estaba en el corazón de la
dinastía Ming de Shanghai, una colmena de pequeñas
estructuras de ladrillo cubiertas de estuco gris, con
techos de tejas, rodeadas frecuentemente de paredes de
estuco. De las ventanas en el segundo piso barras de hie‐
rro salían proyectadas para colgar la ropa, por lo que en
las estrechas calles parecía que los edificios luchaban
unos contra otros. Aquel vecindario estaba cerca de la
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