Page 162 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 162
Shanghai. La salida de un caballero de Nueva Atlantis
del Circo de Pulgas de madrugada sólo podía estimular
la imaginación de los gendarmes, que habían intimidado
a los elementos criminales hasta tal grado que ahora se
sentían incómodos y buscaban formas de diversificarse.
Los sabios, los videntes y los físicos podrían especular, si
la había, sobre qué relación unía el increíble rango de
actividades del Departamento de Policía de Shanghai y
el cumplimiento de la ley.
Deplorable, pero Hackworth lo agradecía mientras
recorría las calles del asentamiento francés. Un grupo de
figuras atravesaba la intersección que se encontraba
unas calles más allá, con la luz sangrante de un
mediatrón reflejándose en sus ropas de Nanobar, el tipo
de atuendo que sólo un criminal callejero querría llevar.
Hackworth se confortó diciéndose que debía de ser una
de las bandas de los Territorios Cedidos que habían
atravesado la Altavía. No era posible que fuesen tan
impetuosos como para atacar a un caballero en la calle,
no en Shanghai. Aun así Hackworth evitó la
intersección. No habiendo hecho nada ilegal en su vida,
se sorprendió al comprobar, de pronto, que la
inmisericordia policial era un recurso crucial para un
tipo de criminal más imaginativo, como él mismo.
162

