Page 201 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El aeróstato los siguió con un buen aumento. El juez
Fang, que había visto miles de horas de películas de
criminales huyendo de la escena del crimen, miró con
ojos entrenados. Ladrones menos sofisticados se hubiesen
limitado a correr llenos de pánico, pero aquel grupo
procedía metódicamente, dos en una bicicleta, una
persona pedaleando y maniobrando mientras la otra se
ocupaba de las contramedidas. Dos de ellos descargaban
al aire desde las bicicletas fuentes de material desde latas
parecidas a extintores de incendios, agitándolas en todas
direcciones—. Siguiendo un modelo que se ha hecho
familiar para las fuerzas de la ley —dijo la señorita
Pao—, dispersaron espuma adhesiva que obstruyó las
tomas de aire de las turbinas de los aeróstatos,
haciéndolos no operativos.
El gran mediatrón se dedicó, además, a emitir grandes
relámpagos luminosos que hicieron que el juez Fang
cerrase los ojos y se apretase el puente de la nariz.
Después de un rato, la imagen se apagó.
—Otro sospechoso usó iluminación estroboscópica
para detectar la posición de los aeróstatos para así
derribarlos con un pulso de luz láser. Evidentemente
empleando un dispositivo diseñado para ese propósito,
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