Page 246 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Buenas tardes, esto... Margaret —dijo el británico

              con  papada  mirando  fuera  del  panel  del  mediatrón.

              Llevaba gafas y tuvo que entrecerrar los ojos para leer su


              nombre  en  la  tarjeta  que  llevaba  prendida  al  pecho.

              Llevaba la corbata suelta sobre el pecho, un gin tonic en

              una  mano  peluda,  y  le  gustaba  el  aspecto  de  aquella


              Margaret. Eso estaba casi garantizado, ya que Margaret

              había  sido  creada  por  el  ordenador  de  marketing  en


              Londres, que sabía más sobre los gustos de los caballeros

              en materia de chicas de lo que a ellos les hubiese gustado

              creer.




                 —¿¡Seis meses sin vacaciones!? Qué aburrido —dijo


              Miranda/Margaret—.  Debe  de  estar  haciendo  algo

              terriblemente importante —siguió diciendo, graciosa sin

              ser desagradable, compartiendo un chiste‐cito entre los


              dos.



                 —Sí, supongo que incluso ganar mucho dinero se hace


              aburrido  con  el  tiempo  —contestó  el  hombre,  más  o

              menos en el mismo tono.




                 Miranda miró la hoja de personajes de Primera clase

              a  Ginebra.  Estaba  jodida  si  ese  señor  Oremland  se


              pasaba hablando y la obligaba a dejar el papel importante.

              Aunque parecía de esa clase de tíos inteligentes.


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