Page 245 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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los nazis, y que era a los ractivos lo que La ratonera al

               teatro  pasivo.  Era  una  pieza  colectiva:  nueve  papeles

               invitados  asumidos  por  los  clientes,  tres  papeles  algo


               mayores  y  llenos  de  glamour  asumidos  por  ractores

               como Miranda. Uno de los personajes era, sin que los

               demás lo supiesen, un espía aliado. Otro era un coronel


               de incógnito de las SS, otro era un judío en secreto, otro

               era un agente de la Cheka. A veces había un alemán que


               intentaba escapar al lado aliado. Pero nunca se sabía

               quién  era  quién  cuando  comenzaba  el  ractivo;  el

               ordenador cambiaba los papeles al azar.




                 Se  pagaba  bien  por  el  alto  ratio  pagador/pagado.


              Miranda aceptó provisionalmente la oferta. Otro de los

              papeles todavía no había sido ocupado, así que mientras

              esperaba, pujó y ganó un trabajo de relleno. El ordenador


              la transformó en la cara de una adorable joven cuyo ros‐

              tro y pelo tenía el aspecto de la moda de Londres en ese

              momento; llevaba el uniforme de una agente de billetes


              de la British Airways.



                 —Buenas  tardes,  señor  Oremland  —dijo  efusiva,


              leyendo el apuntador. El ordenador produjo una voz aún

              más animada y realizó sutiles correcciones en su acento.








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