Page 107 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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enclaves pertenecientes a las phyles sintéticas,
activaban sus propios mediatrones para ahogar el
de los senderos, detonaban fuegos artificiales o
rifles —nunca había sabido distinguirlos— y
unos pocos aficionados a la combustión interna
arrancaban sus vehículos a motor, cuanto más
ruidosos mejor. Los viajeros se alineaban en las
estaciones del subterráneo, esperando cruzar la
Alta‐vía hacia el Gran Shanghai, que parecía sólo
un frente tormentoso de contaminación
manchado de neón y carbón que ocupaba todo el
horizonte.
Al vecindario se le llamaba en tono burlón
Ruidoso. Pero a Hackworth no le molestaba
realmente el ruido. Hubiese sido un signo de
mejor linaje, o más altas pretensiones, ser
demasiado sensible a él, quejarse todo el rato y
desear una casa o una pequeña finca tierra
adentro.
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