Page 105 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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interior, a pesar de lo que decían los anuncios de la


             revistas  femeninas;  los  ajustados  corpiños  de  la


             moda actual y las telas modernas más delgadas que


             una  pompa  de  jabón  hacían  que  todo  fuese


             evidente. La mayoría de las mujeres que no tenían

             una  fuerza  de  voluntad  sobrehumana  no  podía


             pasar sin una criada que las ayudase a soportar dos


             o tres vigorosos entrenamientos al día. Por tanto,


             después de destetar a Fiona y cuando se acercaba


             el  momento  en  que  Gwen  tendría  que  dejar  las


             prendas  premamá,  habían  contratado  a  Tiffany


             Sue; otro de esos gastos relacionados con los hijos


             que Hackworth no había imaginado hasta que las

             facturas  habían  empezado  a  llegar.  Gwen  le


             acusaba, medio en broma, de tener sólo ojos para


             Tiffany Sue. La acusación era casi una formalidad


             estándar en los matrimonios modernos, ya que las


             asistentas de las damas solían ser jóvenes, bonitas y


                                                                                                           3
             de piel inmaculada. Pero Tiffany Sue era una tete




                 3  La más humilde de las cuatro clases sociales en que Solón dividió a los hombres libres de Atenas. (N. del T.)


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