Page 102 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Pensando en el crimen de la mañana siguiente,
John Percival Hackworth durmió poco y se levantó
tres veces con el pretexto de ir al baño. En cada
ocasión fue a mirar a Piona, que dormía con un
camisón blanco, con los brazos sobre la cabeza y
hundida en los brazos de Morfeo. Apenas podía
ver su cara en la habitación oscura, como la luna
vista a través de pliegues de seda blanca.
A las cinco de la mañana, una diana pentatónica
y aguda surgió de los brutales mediatrones de los
norcoreanos. Su enclave, que tenía el nombre de
Sendero, no estaba muy por encima del nivel del
mar: a un kilómetro por debajo del edificio de los
Hackworth en altitud, y veinte grados más cálido
en un día medio. Pero cuando el coro de mujeres
empezaba con su devastador estribillo sobre la
todopoderosa beneficencia del Sereno Líder,
parecía que estaban en la puerta de al lado.
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