Page 104 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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algunos sitios hasta tal punto que se veía la matriz
subyacente de yute, pero tejida a mano y decorada
por genuinos esclavos chinos durante la dinastía
Mao. Su única función real era proteger el suelo del
equipo de ejercicio de Gwendolyn, que brillaba
pese a la poca luz que atravesaba las nubes de
Shanghai: una unidad de ejercicios fabricada en el
taller de Beaux‐Arts, una máquina de remo
decorada inteligentemente con serpientes de mar
que se retorcían y pesadas nereidas, un juego de
pesos apoyados sobre cuatro cariátides de buenas
formas; nada de fornidos griegos sino mujeres
modernas, una por cada grupo racial importante,
con los tríceps, glúteos‐, músculos dorsal, sartorios
y rectos anteriores resaltados. Ciertamente
arquitectura clásica. Se suponía que las cariátides
debían de ser modelos; a pesar de sutiles
diferencias raciales, cada cuerpo encajaba en el
ideal del momento: cinturas de veintidós centí‐
metros, no más de un 17 % de grasa corporal. Ese
tipo de cuerpo no podía falsificarse con ropa
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