Page 287 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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Bund, muchas décadas atrás. El juez Fang tenía el


               equivalente a una mesa privada en una esquina.


               En  una  ocasión  habían  reducido  a  Chang  a  la


               catalepsia  describiéndole  una  avenida  en


               Brooklyn  que  estaba  ocupada  por  estableci‐

               mientos  de  pollo  frito  a  lo  largo de  más  de  un


               kilómetro,  todos  ellos  imitaciones  de  Kentucky


               Fried  Chicken.  A  la  señorita  Pao,  que  había


               crecido en Austin, Tejas, le impresionaban menos


               esas leyendas.





                 La noticia de su llegada les precedió; su cubo ya


              estaba  sobre  la  mesa.  Los  pequeños  vasos  de

              plástico de salsa, ensalada de col, patatas y demás


              habían  sido  colocados  con  cuidado.  Como  era


              normal,  el  cubo  estaba  situado  justo  frente  al


              asiento de Chang, porque él sería el responsable


              de  consumir  la  mayor  parte  de  su  contenido.


              Comieron  en  silencio  durante  unos  minutos,  y


              luego  pasaron  más  minutos  intercambiando


              amables comentarios formales.


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