Page 546 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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podían oír incluso a través de las gruesas paredes


              del  Castillo  Tenebroso,  y  cuando  el  visitante  se


              cansaba, volvía a su barco y se iba, dejando a la


              malvada Reina con el corazón roto y llorando en


              la orilla. La Princesa Nell, que al principio había

              odiado a su madrastra, llegó a sentir pena por ella


              en cierra forma y a comprender que la Reino estaba


              prisionera  en  una  prisión  que  ella  misma  había


              construido, mucho más oscura y fría que el Castillo


              Tenebroso.


                 Un día apareció en la bahía un bergantín de rojas


              velas, y un hombre de cabeza roja y barba también


              roja vino a la orilla. Como los otros visitantes, se

              mudó a la casa de lo Reina y vivió con ella durante


              un  tiempo.  Al  contrario  que  los  otros,  sentía


              curiosidad  por  el  Castillo  Tenebroso  y  cabalgaba


              hasta su entrada cada día o dos, agitaba la puerta


              y  caminaba  a  su  alrededor,  mirando  a  las  altas


              paredes y torres.


                 En la tercera semana de la visita del hombre, Nell


              y Harv se sorprendieron al oír cómo se abrían las


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