Page 577 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Adiós,  mi  amor,  me  verás  en  tus  sueños  —


             murmuró  él  en  sus  pequeñas  orejas  perfectas,  y


             luego la liberó, se dio la vuelta, y se alejó antes de


             que ella pudiese ver las lágrimas que le corrían por


             la cara.




                 Ahora Hackworth era un hombre libre, vagando


             por el Aeródromo colmado de estupor emocional,


             y  sólo  llegó  a  su  vuelo  al  participar  del  mismo


             instinto  de  manada  que  los  nativos  usaban  para


             llegar a los suyos. Cuando vio a más de un gwailo


             dirigiéndose decidido en una dirección, los siguió,


             y luego otros empezaron a seguirlo a él, y así una

             multitud de diablos extranjeros se formó entre un


             grupo  cientos  de  veces  mayor  de  nativos,  y


             finalmente,  dos  horas  después  de  cuando  se


             suponía que tenía que partir su vuelo, forzaron una


             puerta y subieron a bordo de la nave aérea Hanjin


             Takhom, que era o no su nave asignada, pero los


             pasajeros tenían ahora una mayoría numérica lo su‐


             ficientemente  grande  como  para  secuestrarla  y


                                                                                                       577
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