Page 805 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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—Perdóneme, Su Gracia, pero me sorprende
que considere la idea de dejar a una niña de su
edad sin atención durante toda la tarde.
—Ella no lo vería de esa forma, se lo aseguro,
por la misma razón que la pequeña Piona no
considera que su padre haya dejado su casa.
La expresión que pasó por la cara de la señora
Hackworth al oír esa afirmación sugería una
comprensión menos que perfecta. Pero antes de
que ella pudiese explicarle a su anfitrión el error
de su método, fueron interrumpidos por unos
chillidos y un amargo conflicto que venía por el
salón hacia ellos. La puerta se abrió a medias, y
apareció Colín Finkle‐McGraw. Todavía tenía el
rostro rojo por el aire del páramo, y llevaba una
sonrisa forzada no muy alejada de la afectación;
aunque su frente se fruncía periódicamente al
emitir Elizabeth algún chillido de rabia
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