Page 109 - Portico - Frederik Pohl
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recibo a Metchnikov y empezó a arrastrarlos por un

            pasillo totalmente cubierto de enredaderas.


               ‐ ¡Vaya! ‐ gruñó él ‐. Bueno, gracias.

               ‐ De nada.

               Volvimos  sobre  nuestros  pasos  en  dirección  a  un


            pozo  de  bajada  y,  a  fin  de  darme  conversación,

            supongo  que  porque  creyó  que  me  debía  un  favor


            social y que estaba obligado a ello, dijo:

               ‐ Bueno, ¿qué tal ha estado el curso?

               ‐ ¿Aparte de que acabe de terminarlo y siga sin tener


            ni idea de cómo se tripulan esas malditas naves?

               ‐  Bueno,  claro  que  no  tienes  ni  idea ‐  contestó  con

            irritación ‐.  El  curso  no  lo  enseña;  sólo  te  da  unas


            orientaciones  generales.  Es  suficiente.  Lo  peor  es  el

            aterrizaje, naturalmente. De todos modos, te han dado

            las grabaciones, ¿verdad?


               ‐ Oh, sí.

               Había seis casetes. Nos dieron un juego a cada uno en


            cuanto  terminamos  la  primera  semana  de  clases.

            Contenían todo lo que se había dicho en ellas, aparte

            de  muchas  otras  informaciones  sobre  los  distintos


            mandos  que  la  Corporación  podía,  o  no  podía,

            incorporar a un tablero Heechee y cosas por el estilo.


               ‐  Escúchalas ‐  aconsejó ‐.  Si  tienes  algo  de  sentido

            común te las llevarás cuando salgas de viaje. Entonces

            hay tiempo de sobras para escucharlas. Casi todas las


            naves funcionan automáticamente.




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