Page 294 - Portico - Frederik Pohl
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libre, a pesar de que fuese muy cansado para él. A
veces paseaba solo, a veces con amigos encontrados
por casualidad, a veces en seguimiento de un grupo de
turistas. Los guías me conocían y no les importaba que
les acompañase (¡había estado fuera!, aunque no
llevara ni un solo brazalete), hasta que se les ocurrió la
idea de que pensaba convertirme también en guía.
Entonces fueron menos amables.
Tenían razón. Pensaba en ello. Debería hacer algo,
antes o después. Debería salir fuera, o volver a casa; y
si quería posponer la decisión entre cualquiera de esas
dos posibilidades igualmente aterradoras, por lo
menos tendría que decidirme a ganar el dinero
suficiente para quedarme.
Cuando Sheri salió del hospital, le dimos una gran
fiesta, una combinación de bienvenida a casa,
felicidades, y adiós, Sheri, porque se iba a la Tierra al
día siguiente. Estaba débil pero alegre y, aunque no
tenía fuerzas para bailar, se sentó junto a mí en el
pasillo y me tuvo fuertemente abrazado durante media
hora, prometiendo besarme. Yo me emborraché. Era
una buena ocasión para hacerlo; el alcohol era gratis.
Sheri y su amigo cubano saldarían la cuenta. De hecho,
me emborraché tanto que no pude despedirme de
Sheri, pues tuve que ir rápidamente al lavabo y vo‐
mitar. Borracho como estaba, esto me pareció una
verdadera lástima; era un genuino escocés de Escocia,
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