Page 295 - Portico - Frederik Pohl
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nada comparable a esas blancas bebidas locales
extraídas de Dios sabe qué.
Vomitar me despejó la cabeza. Salí y me apoyé en una
pared, con la cara sepultada en la hiedra, respirando
profundamente, por lo que a la larga se renovó el
oxigeno de mi sangre y pude reconocer a Francy
Hereira junto a mí. Incluso le dije:
‐ Hola, Francy.
Él sonrió a modo de disculpa.
‐ El olor. Era un poco fuerte.
‐ Lo siento ‐ repuse irasciblemente, y me pareció
sorprendido.
‐ No, ¿a qué te refieres? Quiero decir que ya es
bastante malo en el crucero, pero cada vez que vengo a
Pórtico me pregunto cómo podéis resistirlo. Y en estas
habitaciones... ¡uf!
‐ No me ofendo ‐ dije magnánimamente, dándole
unos golpecitos en la espalda ‐. Tengo que despedirme
de Sheri.
‐ Ya se ha ido, Bob. Estaba muy cansada. Se la han
llevado otra vez al hospital.
‐ En ese caso ‐ dije ‐, sólo me despediré de ti.
Hice una reverencia y me alejé dando traspiés por el
túnel. Es difícil estar borracho con una gravedad
próxima a cero. Encuentras a faltar la seguridad de un
sólido peso de cien kilos que te afiance sobre el suelo.
Tengo entendido, por lo que me contaron después, que
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