Page 300 - Portico - Frederik Pohl
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‐ Desde luego que no, pero tengo curiosidad.
¿Cuándo dejaste de usarlo?
Se encogió de hombros y no contestó, a menos que
parecer molesta sea una respuesta. Era respuesta
suficiente para mí, porque le había dicho a menudo que
me gustaba su perfume.
‐ ¿Cómo te va con el psiquiatra? ‐ pregunté, para
cambiar de tema.
No debía irle muy bien. Klara contestó sin
entusiasmo:
‐ Debes de tener mucho dolor de cabeza. Lo mejor
será que me vaya a casa.
‐ No, me interesa ‐ persistí ‐ Me gustaría conocer tus
progresos.
Ella no me había dicho una sola palabra, pero ya
había iniciado el tratamiento; al parecer, estaba dos o
tres horas diarias con él. O ella. Había decidido probar
el servicio mecánico de la computadora de la
Corporación.
‐ Bastante bien ‐ dijo concisamente.
‐ ¿Aún no habéis llegado a la obsesión del padre? ‐
inquirí.
Klara repuso:
‐ Bob, ¿has pensado alguna vez que también a ti
podría convenirte un poco de ayuda?
‐ Es curioso que lo digas. Louise Forehand me dijo lo
mismo el otro día.
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