Page 215 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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chorros  de  agua.  Parecen  tótems,  consistentes  en


           figuras  angulosas,  tanto  metálicas  como  orgánicas,


           que en realidad —me informa la pequeña comemoria


           adosada  a  ellos—  no  son  sino  partes  del  cuerpo


           descartadas  por  los  Aletargados.  El  agua  cae


           formando  regueros  entre  las  juntas:  el  sonido


           resultaría relajante si no se pareciera tanto al de un


           borbotón de sangre.



           El balcón se llena de ladrones de cuerpos, tal vez una


           veintena  de  ellos.  Unos  cuantos  se  plantan  con


           firmeza  ante  las  puertas  de  cristal  y  nos  bloquean


           cualquier posible vía de escape.



           Para  mi  sorpresa,  a  Mieli  parecen  gustarle  las


           esculturas.  Permanece  absorta  en  ellas  por  unos


           instantes, hasta que le toco el brazo.




           —Creo que ha llegado el momento.



           —De acuerdo —dice—. Y recuerda, déjame hablar a


           mí.



           —Son todo tuyos.



           Se acerca a nosotros una niña negra que no aparenta


           más de seis años. Su vestido es de un asombroso color


           azul,  y  sus  coletas  sobresalen  como  manillares  a


           ambos lados de la cabeza. El modo en que se toca la


           naricita  respingona  me  resulta  ya  completamente


           familiar.








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