Page 213 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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parecido relajante, aunque la mayor parte de las obras


           más recientes que se exponen aquí posean un matiz


           violento  y  agresivo,  todo  explosiones  de  color  y


           cantos  afilados.  Mieli,  sin  embargo,  parece  estar


           aburriéndose. Plantada ante una serie de acuarelas,


           emite un tarareo indescifrable.



           —El arte no te entusiasma, ¿verdad?



           Suelta una risita.




           —El arte no debería ser tan plano ni estar tan muerto


           como esto —responde—. Debería poderse cantar.



           —Creo  que  eso  es  lo  que  llaman  música  por  estos


           lares.



           Me  fulmina  con  la  mirada,  después  de  lo  cual  me


           conformo  con  guardar  silencio  y  regalarme  la  vista


           con las obras abstractas más antiguas y las estudiantes


           de Bellas Artes.



           Transcurridos unos instantes, empezamos a fijamos


           en los piratas de gógoles.



           Mieli había enviado unas comemorias a los agentes de


           la  Sobornost  tras  obtener  sus  claves  públicas  por


           mediación de su benefactora. Citarnos con ellos en el


           museo había sido idea mía. Aquí el gevulot está bien


           estructurado, y los espacios de ágora que rodean las


           exposiciones  desaconsejan  el  uso  de  la  violencia  al


           mismo tiempo que ofrecen una intimidad idónea para







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