Page 245 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El diseño del CHÂTEAU exuda el mismo esplendor
que la simulación de la Corona en la colonia zoku:
techos altos, suelos de mármol, hileras de armaduras
robóticas de color negro mate alineadas en los pasillos
junto a grandes cuadros con paisajes del antiguo
Marte: acantilados rojos, Valles Marineris, la
sonriente efigie del rey en blanco y dorado.
Odette —la mujer de blanco— está esperándolos
cuando llegan a la biblioteca; saluda a Isidore con un
cabeceo sucinto.
—Buen trabajo —dice Unruh—. Parece que tus
encantos persuadieron al joven monsieur Beautrelet
para ayudamos con nuestro pequeño dilema.
—Me lo esperaba —repone la mujer—. Creo que esto
suscitará su interés, monsieur Beautrelet.
La biblioteca consiste en una habitación alta, bien
iluminada por la claraboya del techo y los grandes
ventanales con vistas al jardín. Contiene unos divanes
de cuero de cómodo aspecto y libros, tanto analógicos
como spimes. A miles, se alinean pulcramente en
atezadas estanterías de roble, atendidos por un dron
biosintético con forma de árbol. Un planetario
gigantesco —un recipiente metálico cuyo interior
alberga una representación en tiempo real de Marte y
el espacio circundante— ocupa el centro de la sala
encima de una alfombra de intensos tonos granates.
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