Page 242 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 242

El  sirviente  Aletargado  les  entrega  unas  tazas  de


           porcelana  llenas  de  té:  Unruh  prueba  el  suyo  con


           delectación.



           —Además,  la  finitud  le  imprime  a  todo  un  cierto


           encanto, ¿no cree? Creo que ésa precisamente era la


           intención  de  nuestros  padres  fundadores,  y


           experimentarla  era  mi  única  ambición.  Hasta  que


           apareció la nota.



           —¿Cómo fue?




           —La encontré en mi biblioteca —responde Unruh—.


           ¡En mi biblioteca! —Su rostro aniñado se puebla de


           incongruentes arrugas de rabia. La taza repica como


           un cascabel cuando la posa con fuerza—. No permito


           que nadie entre en mi biblioteca, monsieur Beautrelet.


           Es  mi  santuario  interior.  Y  fuera  de  mi  círculo


           inmediato  de  amistades  nadie  posee  siquiera  el


           gevulot necesario para acceder a este castillo. Como


           estoy  seguro  que  entenderá  dadas  sus  recientes


           experiencias con la prensa, me siento… ultrajado.



           Isidore  asiente  con  un  estremecimiento.  La  idea  de


           que  alguien  pueda  invadir  su  espacio  personal  sin


           anunciarse, sin disponer ni tan siquiera del permiso


           necesario para acceder a su gevulot, le pone la piel de


           gallina.



           —¿No ha contemplado la posibilidad de que pueda


           tratarse de una simple travesura?





                                                                                                            242
   237   238   239   240   241   242   243   244   245   246   247