Page 250 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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creer que una nube de nanitas pudiera crear algo así
de la nada en cuestión de segundos; la energía
necesaria para realizar semejante hazaña habría
dejado infinidad de pistas en la exomemoria del
castillo.
—Ya hemos investigado lo más evidente —dice
Odette, sentada en uno de los brazos de la butaca de
Unruh, mirando a Isidore. Esboza su sonrisa de niña
traviesa—. Me extrañaría que tu juguetito zoku
descubriera más cosas que yo.
Isidore apenas le presta atención: está demasiado
absorto examinando el suelo y las paredes de la
biblioteca. Como cabría esperar, son de basalto sólido
entreverado con piedra simbionte. Se sienta y cierra
los ojos un momento. Los destellos del libro eclipsan
la verdadera forma del misterio, por mucho que
también él desee en parte encajar esa pieza. Descarta
esa posibilidad y se concentra en lo más aparente.
Una habitación cerrada, un objeto misterioso; es tan
limpio que resulta sospechoso.
—¿Cuándo adquiriste algo para monsieur Unruh por
última vez? —le pregunta a Odette.
Ésta se da unos golpecitos en los labios con la yema
de un dedo.
—Debió de ser hace tres semanas. ¿Por qué?
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