Page 263 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Nada. No consigo encontrar ninguna referencia a
ningún conde Isidis en las exomemorias públicas. Por
lo que a la opinión pública respecta, no existió nunca.
Unruh se acerca a uno de los grandes ventanales de la
galería y se asoma al exterior.
—Monsieur Beautrelet, confieso que no he sido
completamente franco con usted. En el fondo
esperaba que se fijara en algunos detalles por sí solo,
como así ha ocurrido. —Apoya una mano pálida en el
cristal—. Ocurre algo extraño cuando uno es muy
rico, aunque su riqueza sea tan artificial como en
nuestra sociedad: se desarrolla una especie de
solipsismo. El mundo se rinde a tu voluntad. Todo se
convierte en tu reflejo, y tarde o temprano, mirarte a
los ojos un día sí y otro también se vuelve aburrido.
Suspira de nuevo.
—De modo que busqué terrenos más sólidos en el
pasado, en nuestros orígenes, en nuestra historia.
Dudo que muchos de nuestros contemporáneos
hayan volcado tantos esfuerzos en el estudio de la
Corona y la Revolución como yo.
»Al principio era la vía de escape perfecta. Mucho
más trepidante que nuestra insulsa existencia, con
desafíos y antagonistas reales, el triunfo de las ideas
sobre la opresión, desesperación y esperanza. El
conde Isidis, conspirando contra un tirano. Drama.
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