Page 266 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—¡Menuda  vulgaridad!  ¡De  ninguna  manera!  —


           Unruh frunce el ceño—. Que pretendan desvalijarlo a


           uno no es motivo para perder los modales.









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           El ladrón y la segunda primera cita



           RAYMONDE  está  almorzando  cerca  del  parque


           infantil cuando volvemos a conocernos por primera


           vez. Está estudiando las partituras que tiene encima


           del  regazo  y  desperdigadas  por  el  banco  mientras


           devora una manzana con algo parecido a la ferocidad.



           —Perdona —le digo.



           Viene aquí todos los días y se come el contenido de


           una bolsita de materia temporal a toda prisa, como si


           le remordiera la conciencia concederse un instante de


           paz.  Observa  a  los  niños  encaramados  a  las


           intrincadas  estructuras  de  barras  donde  se  mueven


           como monos y a los bebés que juegan en los cajones


           de  arena  con  coloridos  juguetes  biosintéticos  de


           cantos redondeados. Se sienta al filo del banco, con las


           piernas  estilizadas  recogidas  en  una  postura


           incómoda,  lista  para  levantarse  de  un  salto  en


           cualquier momento.



           Me  mira  con  el  ceño  fruncido.  Su  gevulot,  apenas


           entreabierto, me revela la intimidante expresión de su





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