Page 258 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 258
con el gevulot como único limitador de acceso. Pero
su diseño es de sólo escritura, con limitaciones
insoslayables. Su pirateo y posterior edición exigirían
unos recursos nanotecnológicos y computacionales
con los que ningún ciudadano de la Oubliette podría
ni tan siquiera soñar.
La inevitable conclusión derrama un escalofrío por el
espinazo de Isidore. Ya no le parece tan descabellado
que alguna fuerza extraplanetaria haya elegido a
Unruh como objetivo.
Tras dar un paseo por el jardín —donde un tipo de
pelo cano con un mono de trabajo azul atiende las
flores de Unruh con la ayuda de un sirviente
Aletargado— revisa toda la exomemoria del castillo a
la que tiene acceso, en busca de posibles fisuras. Se
sienta en una de las sillas de la biblioteca y hace
memoria. Unruh ha llevado una vida normal a lo
largo del último año, prácticamente recluido, con la
salvedad de alguna que otra fiesta de modestas
proporciones. Hay ocasiones en que cruzan los
recuerdos cortesanas exóticas de la calle de la
Serpiente, lo que hace que Isidore se pregunte qué
opinaría Adrián Wu de su nuevo benefactor. Pero por
lo general el tiempo de Unruh transcurre en solitario,
recibiendo a comerciantes de antigüedades,
258

