Page 281 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Bebemos. El vino es intenso, vigoroso, con trazas de
melocotón y madreselva. Lo acompaña una sensación
extraña, una mezcla de nostalgia y el primer rubor del
enamoramiento incipiente. En un espejo, en alguna
parte, mi antiguo yo debe de estar sonriendo.
—Lo buscaban —dice la mente de la vasilev, solícita.
Cada vez que responde a una pregunta, el gógol
cirujano estimula sus centros del placer. La desventaja
es que se toma su tiempo antes de contestar.
—¿Quiénes?
—Los ocultos. Gobiernan aquí. Nos prometieron
almas por él, tantas como quisiéramos.
—¿Quiénes son?
—Nos hablaban a través de bocas prestadas, como
hacen a veces los Fundadores. Les dijimos que sí, y
por qué no, por qué no trabajar con ellos, la Tarea los
devorará a todos al final, todo sucumbirá ante el altar
de Fedorov y podremos regresar al museo y
contemplar a los elefantes.
—Enséñamelo.
Pero la coherencia de la vasilev ya empieza a
desmoronarse. Rechinando los dientes, Mieli restaura
una versión anterior y ordena al cirujano que empiece
de nuevo.
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