Page 284 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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planetas y sus cúpulas, sus torres y sus arcos se elevan
al encuentro del anillo de Saturno. Los mundos del
Cinturón y la naturaleza biosintética que los recubre
de coral y colores otoñales. Los cerebros de las
guberniyas del sistema interior, esferas diamantinas
engalanadas con las efigies de los Fundadores,
repletas de muerte en vida e intriga.
Lo curioso es que todo eso parece menos real que
estar sentado al sol en su compañía, fingiendo ser
humano y pequeño.
Raymonde cierra los ojos por unos instantes,
paladeando el recuerdo.
—No sé si te lo acabas de inventar —dice—. Pero te
mereces una recompensa.
Me besa. Pierdo un momento intentando dilucidar a
qué sabe su helado. Después me pierdo en la
sensación de sus labios, la lengua que aletea contra la
mía. Me entrega una comemoria seductora, el beso
desde su punto de vista, una perspectiva invertida.
El motor pirata profiere un grito de alegría dentro de
mi cabeza: ha encontrado un bucle, un recuerdo de
mí, una brecha en su gevulot que desemboca en un
abismo de déjà vu. Otro beso, mucho tiempo atrás,
sobreimpuesto a éste; una quimera de presente y
pasado. Hago oídos sordos al rugido triunfal del
motor pirata y le devuelvo el beso, entonces y ahora.
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