Page 298 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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los foboi parece un bloque de construcción de juguete.
Pero en su interior…
—Cielos —dice Bathilde, llenándose los pulmones de
aire.
—Bueno, ¿qué te ha parecido? —pregunta Paul
Sernine, el arquitecto de su breve muerte. La sostiene
con delicadeza mientras la aleja de la salida, de la que
continúan emergiendo los desorientados invitados. El
protegido de Bathilde sonríe triunfal tras el cristal de
su escafandra—. Por tu aspecto se diría que no te
vendría mal un trago.
—Ay, sí. —Paul le ofrece una copa de champán
envuelta en una diminuta burbuja de puntos‐q.
Bathilde la acepta y bebe, disfrutando del
contrapunto al aire seco de la escafandra que supone
el limpio sabor—. Paul, eres un genio.
—Entonces, ¿no te arrepientes de ser mi mecenas?
Bathilde sonríe, envuelta en los primeros compases
de la fiesta. Le alegra comprobar que la campaña
publicitaria, consistente en la distribución de
comemorias virales con las intensas vivencias de la
Sala, haya tenido tanto éxito. Además, el hecho de que
se celebre fuera de la muralla es un bonito detalle
simbólico que añade una pizca de emoción a todo el
proceso.
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