Page 303 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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no cambia nunca. Es un rasgo evolutivo sin el cual


           sucumbiríamos                         sin           remisión                 tras           tantas


           metamorfosis, sin ver jamás la luz al final del túnel,


           erosionados por el inexorable cincel del tiempo.



           »No sé qué te habrá dicho Paul, pero es uno de los


           nuestros, eso te lo aseguro. Así que deberás decidir si


           el verdadero él… no este arquitecto sonriente… es el


           hombre que quieres que sea el padre de tus hijos.



           »Sé que se esfuerza, y que lo hace por ti.




           —Conque  ahí  os  habíais  metido  —las  interrumpe


           Paul—.  Mis  dos  damas  favoritas.  —Abraza  a


           Raymonde—. ¿Has entrado ya?



           Raymonde niega con la cabeza.



           —Deberías  hacerlo  —dice  Bathilde—.  No  es  tan


           horrendo como parece a priori. Que os divirtáis.



           La  pareja  entra  en  la  Sala  por  la  parte  de  atrás.


           Mientras  ve  cómo  se  alejan,  Bathilde  rememora


           aquella ocasión en el Palacio de Olimpo, un recuerdo


           de acuarela con los colores corridos: cuando salió a


           bailar  con  el  Rey.  Se  pregunta  si  su  expresión  de


           entonces tendría algo en común con la que anida en


           los ojos de Raymonde.



















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