Page 299 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—En  absoluto.  Habrá  que  pedirle  a  la  Voz  que


           incorpore  algo  parecido  a  esto  en  la  ciudad,  con


           carácter  permanente.  Nos  vendría  de  perlas.  ¿De


           dónde sacaste la idea?



           Paul arquea las cejas oscuras.



           —Sabe que detesto que me hagan esa pregunta.




           —Venga ya —repone Bathilde—. Pero si te encanta


           hablar de ti mismo.



           —Bueno, ya que tanto te interesa saberlo… Me inspiré


           en la pieza sobre Hiroshima de Noguchi. Nacimiento


           y  muerte.  Dos  conceptos  que  ya  hemos  olvidado


           cómo afrontar.



           —Qué  curioso.  Algo  muy  parecido  le  propuso


           Marcel,  ahí  presente  —Bathilde  señala  a  un  joven


           negro que contempla la lóbrega boca de la Sala con


           expresión desdeñosa—, a la Voz hace unos meses.



           —Ideas hay a montones —dice Paul—. Lo que cuenta


           es la ejecución.



           —No te lo discuto. Por otra parte, tal vez tu nueva


           musa también tuviera algo que ver. —Busca con la


           mirada  a  la  mujer  pelirroja,  ceñida  por  un  traje


           simbionte de tonos oscuros, que acaricia la superficie


           rugosa de la Sala a escasos metros de ellos.



           —Todo es posible. —Paul agacha la cabeza.










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