Page 300 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Deja de perder el tiempo charlando con ancianas —


           dice Bathilde— y vete a celebrarlo.



           Paul sonríe de nuevo, y por unos instantes Bathilde


           lamenta  la  decisión  de  limitar  su  relación


           estrictamente al ámbito profesional.



           —Luego  nos  vemos.  —Paul  ensaya  una  reverencia


           cortés y se pierde de vista entre la aglomeración de


           trajes  simbiontes,  acaparando  toda  la  atención  de


           inmediato.




           Bathilde vuelve a pasear la mirada por la Sala. Vista


           desde  el  exterior  parece  la  cosa  más  inocente  del


           mundo, pero una vez dentro, los ángulos, las luces y


           las formas resuenan en el diseño de cualquier cerebro


           derivado del humano, desencadenando mecanismos


           corticales  que  simulan  la  experiencia  extracorpórea


           de quien se debate entre la vida y la muerte. Un truco


           de  magia  con  principios  arquitectónicos.  Bathilde


           rememora  sus  múltiples  muertes  y  nacimientos  y


           concluye que nunca antes había experimentado nada


           parecido.  Se  trata  de  una  vivencia  genuinamente


           nueva. Sonríe para sus adentros: ¿cuánto hace de la


           última? Toca el Reloj que le diera Paul y acaricia la


           palabra Sapientia, grabada en relieve en el brazalete.



           —Hola —dice la pelirroja. Al menos la suya es una


           juventud real, sin sombra de muerte, ni temporal ni


           de ningún otro tipo.






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