Page 308 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Entonces  —insiste  la  Futurista,  sin  dejar  de


           observarme  con  recelo—,  ¿exactamente  qué  es  eso


           que ellos pueden hacer y nosotros no?



           Le dedico una dulce sonrisa.



           —Llegaremos                       enseguida                  a        ese          particular,


           madeimoselle Diaz. —No puedo verle la cara, pero sí


           el  satisfactorio  estremecimiento  de  sorpresa  que


           recorre su cuerpo, transformándolo en un borrón rojo


           por unos instantes.




           No me he quedado de brazos cruzados durante los


           dos  días  que  Raymonde  tardó  en  organizar  el


           encuentro. Mieli me proporcionó una base de datos,


           por  cuyo  origen  no  me  atreví  a  preguntar,  que


           contenía pistas bastante sólidas sobre las identidades


           de  todos  los  tzaddikim.  Conseguí  corroborar  la


           mayoría de ellas con algo de trabajo a pie de calle y


           algún que otro hurto de gevulot. Así pues, aunque los


           nombres  de  sus  mascotas  o  sus  posturas  sexuales


           predilectas continúen siendo un misterio, he logrado


           averiguar varias cosas.



           —Antes de abordar ese particular, no obstante, nos


           vendría  bien  saber  exactamente  cuál  es  vuestro


           objetivo.



           —En realidad son tres —dice Raymonde—. Defender


           los ideales de la Oubliette. Proteger a sus habitantes


           de los piratas de gógoles y otras amenazas externas.





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